Las secuelas de la violencia psicológica:

La violencia psicológica es más difícil de demostrar que la violencia física, porque las huellas que quedan en el psiquismo no son visibles para el profano. Además, en los casos de violencia psicológica, el maltratador(lo llamo masculino porque son la mayoría los machos que suelen manipular a su víctima para que llegue a creer que todo son exageraciones suyas y que ella tiene la culpa de lo que sucede. Lo mismo suele hacer con su entorno, de manera que todo el mundo opine que él es un excelente cómpañero o amigo y que la otra persona se queja por quejarse. En el supuesto de que se queje.

El maltrato psicológico, por sutil e insospechado que sea, siempre deja secuelas. Existen casos en que la agresión es tan sutil y sofisticada que parece casi imposible detectarla. Pero deja marcas indelebles en el organismo de la víctima -responsable . Es su cuerpo o su psiquismo, porque el cuerpo y el psiquismo interactúan y formando una unidad psicosomática. Las secuelas de los malos tratos psíquicos provocan, según distintos estudios, el desarrollo de personalidades adictivas, psicótico o violento.

Y CUANDO somos la víctima a veces es difícil detectar el padecimiento de violencia psicológica, porque en estas situaciones a menudo desarrollamos mecanismos psicológicos que ocultan la realidad cuando resulta excesivamente desagradable.

Nuestros mecanismos de defensa tienen la finalidad de preservarnos de la angustia y el hecho de aceptar que somos víctimas de una situación reiterada de maltrato psicológico, probablemente por parte de una persona a quien queremos, amamos o estimamos supone una enorme carga de angustia que no es fácil digerir. Por eso nuestro psiquismo nos ofrece todos esos psicodinamísmos, para que echemos mano de ellos y nos defendamos de la angustia, negando la situación en que nos encontramos.

Así aprendemos a negar y a intelectualizar la violencia de la que somos víctima -responsables. Buscamos justificación para la actitud del agresor, para la actitud de quienes admiten o colaboran con su violencia y buscamos casos similares en nuestro entorno para comparar el nuestro y llegar a la conclusión de que no es una situación anómala, sino común y corriente e, incluso, de que hay situaciones muchísimo peores que la nuestra. Otras veces recurrimos a un mecanismo mucho más nocivo que la negación o la intelectualización.

Y otras veces recurrimos a culparnos de lo que sucede y buscamos en nuestras actitudes pasadas y presentes el motivo del maltrato. Recorremos una a una nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras acciones y nuestros resultados, para localizar la causa de la violencia que, según nos han hecho creer hemos provocado.

Si esto te sucede, ya tienes un indicio clarísimo de que eres una víctima de la violencia psicológica.

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