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TOMAR DECISIONES
Existen personas que son obsesivas con los asuntos domésticos y necesitan hacer un inventario de todo lo que tienen en su alacena para así saber qué tienen que comprar y qué no. Del mismo modo, muchas personas hacemos un inventario de nuestra vida y sentimos que nos falta algo cuando en realidad no es así. Tal vez lo ocultamos, quizás el dolor hizo que lo guardáramos, o bien no nos acordamos que alguna vez lo usamos y nos fue útil. De este modo, alimentamos la creencia de que nos falta algo que en realidad tenemos. Por eso es importante que periódicamente hagamos un inventario de nuestra vida y empecemos a buscar dentro de nosotros aquello que creemos que no tenemos.
Tenés que saber que tenes todas las herramientas que necesitás para vivir la vida. Si necesitás algo para salir adelante, no lo busques afuera sino adentro de vos.
Hoy quiero analizar con vos una capacidad que tenemos todos los seres humanos: la capacidad de tomar decisiones.

Las personas solemos tomar muchas decisiones. Quizás hoy hayas decidido varias cosas, por ejemplo, levantarte temprano, ir a pagar las cuentas al banco, etc y es que tu problema no es tomar decisiones. Aunque a veces digas: “No sé”, “no puedo”, “me cuesta”, sos una persona decidida y sabés buscar aquello que creés que te falta y que quizás hayas dejado olvidado en algún lugar de tu vida. El problema no está en el hecho de tomar decisiones sino en que las decisiones que tomes sean buenas y lo hagas de una manera rápida.

Tenemos que aprender a tomar decisiones por resolución y no por saturación. Eso significa que si tomamos una decisión tiene que ser para prevenir o para resolver un problema y no porque estemos saturados. Por ejemplo, cuando decido ir al médico tiene que ser para hacerme un chequeo que prevenga un conflicto y no porque ya estoy enferma hace un mes y siento que “no doy más”. Cada vez que tomes una buena decisión vas a obtener un buen resultado y eso te va a motivar para que sigas tomando buenas decisiones cada vez con mayor rapidez.
Cómo hacer para tomar decisiones buenas y rápidas.
Para tomar buenas decisiones de manera rápida tenés que trabajar en diferentes áreas:
1. Quebrá los prejuicios.
Los prejuicios son ideas, preconceptos que tenemos sobre las personas, sobre el entorno y sobre nosotros mismos. A modo de ejemplo voy a citar algunos prejuicios de esta última categoría:
No soy una persona interesante”.
Necesito mucho amor porque si no, no funciono”.
Cuando una persona se vuelve dependiente de la aprobación del otro, le cuesta mucho hablar en público, rendir un examen o expresar su opinión. Tiene miedo de no saber responder, de que la miren con mala cara, de que el otro no esté de acuerdo y la critique.
Si el amor del otro es tu motor, es muy probable que te abstengas de decir “No” por miedo a que seas mal vista o por temor a que las personas te rechacen. Las consecuencias de tener el prejuicio de que si no te aman no podés funcionar pueden ser lamentables
• Mi mecanismo es: “Debo desconfiar de todo el mundo”. Hay personas que tienen el mecanismo de la desconfianza, nunca pueden confiar en nadie y eso enlentece cualquier decisión que quieran tomar en la vida. Todos tenemos prejuicios con respecto a nosotros y es importante que puedas averiguar cuáles son los tuyos y trabajar para quebrarlos. Por ejemplo: “No soy inteligente”, Estos prejuicios se van construyendo desde la infancia y están ligados a cómo fuimos criados por nuestros padres. Tal vez hayas tenido una madre o un padre que dudaban mucho cuando tenían que tomar decisiones. Quizás tus padres tomaron alguna vez una decisión equivocada y tuviste que pagar las consecuencias de dicho error. Si pasaste por alguna de esas situaciones es probable que a la hora de tomar una decisión te sientas condicionado por temor a equivocarte. Seguramente te prejuzgás por ese error del pasado y cada vez que tenés que decidir decís: “Me equivoqué antes y no quiero volver a hacerlo esta vez”. O tal vez te enlentecés porque decís: “No quiero equivocarme”, “no quiero hacerle mal a nadie”, “soy responsable de todo el mundo”, y así terminás con el síndrome de Atlas, sintiendo que cargás a todo el mundo sobre tus hombros.
2. Chequeá las consecuencias.
No es lo mismo tomar la decisión de casarte que pensar en lo que vas a cocinar mañana al mediodía. Si te equivocás, las consecuencias van a ser bien diferentes: podés tirar unas milanesas a la basura, pero no podés hacer lo mismo con tu matrimonio. Tenés que evaluar si esa decisión que vas a tomar te trae consecuencias negativas permanentes o si tenés un margen para el error.Tenemos que aprender que toda decisión acarrea consecuencias diferentes: no es lo mismo comprar una prenda de ropa que comprar una casa. Hay decisiones cuyos efectos son irreversibles.
Cuando tengas que tomar una decisión, es importante que te preguntes: “¿Es tan conflictiva la decisión que debo tomar?”, “¿es el fin del mundo?”, “¿voy a lastimar a alguien con la decisión que estoy tomando?”. Quizás no sea el fin del mundo comprar una prenda que te quede grande, pero sí puede ser perjudicial comprar una casa que tiene las cañerías de gas en mal estado.
También es fundamental que te cuestiones si estás preparado para vivir con el error que podés cometer con tu decisión.A veces tomamos decisiones que nos terminan lastimando por no haberlas chequeado previamente. No te apresures en decidir. Tomate todo el tiempo que necesites cuando tengas que decidir, especialmente si las consecuencias de una decisión mal tomada son irreversibles.

3. Buscá información de aquellos que saben.
Una mujer que tuvo un accidente laboral se encontraba con que nadie quería hacerse cargo de los costos que demandaba el tratamiento para su recuperación. Consultó con muchísimas personas pero cuando le pregunté si lo había hablado con algún abogado me dijo que no. Para tomar una buena decisión tenés que asesorarte con gente que sabe del tema.

4. Identificá si tus creencias son un prejuicio o una realidad.
Si pensás: “A mí no me van a tomar en ese trabajo por la edad que tengo”, yo te pregunto: ¿no será un prejuicio tuyo? ¿Fuiste a buscar ese trabajo a ver qué te decían o te basaste en la experiencia de un tercero? Si creés que ese hombre no te va a amar porque sus parejas anteriores tuvieron tu misma manera de pensar, ¿no te parece que eso es un prejuicio? ¿Fuiste a averiguar vos o te estás moviendo por información ajena?
Hay decisiones que tenés que tomar, pero antes de hacerlo analizá si tenés un prejuicio que está impidiendo que avances. Quizás digas: “Me voy a quedar solo, nadie me va a querer”, “mis hijos van a estar en problemas”, “no me va a alcanzar el dinero”, “me voy a terminar volviendo loco”, ¡esos son prejuicios!

5. Volvete una marca.
Si te nombrase determinadas marcas que son conocidas a nivel mundial, seguramente podrías decirme rápidamente a qué producto pertenece cada una y describir con detalles las características de ese producto. Por ejemplo, si te preguntara: “¿Qué me podés decir de esa famosísima marca de yogurt?”, podrías responder: “Es sano, tiene un sabor excelente, es de calidad, es refrescante, aporta muchas vitaminas, etc.”. Ahora te pregunto: “¿Qué sentís cuando pronunciás tu nombre?, ¿qué pensás de vos misma?, ¿qué pasa cuando la gente, tus hijos o tu pareja mencionan tu nombre? Sos tremendamente valioso porque tu nombre es una marca registrada que perdura en el tiempo. Aquellos que se acercan a vos reciben lo que vos decís que sos. ¡Buscá bien porque lo que creías que te faltaba está dentro tuyo!
Todos los días tomamos muchas decisiones, pero hay algunas que tienen que ser buenas porque ellas determinarán nuestro futuro
A la vida hay que ponerle resistencia porque si no te pasa por arriba y te lastima. Ponele resistencia a ese problema económico, de pareja o con tus hijos tomando buenas decisiones.
Empezá a levantar tus prejuicios: “No me van a querer”, “no me van a dar importancia”, “soy pobre”, “soy feo”, “soy tonto”. “Hay que tomar buenas decisiones,