12112236_10207372393683995_7716538570387967956_n

LA AGONIA EN LA INCERTIDUMBRE
(por Merlina Meiler)
En ciertos momentos de la vida, estamos esperando que algo suceda, y sabemos que va a ser un hecho difícil de sobrellevar o, incluso, irreparable. En estos casos, nos embarga un estado de pena permanente en el que no sabemos si se producirá el hecho que no deseamos o, en caso de saber que lo inevitable acaecerá, nos provoca angustia saber exactamente cómo y cuándo devendrá el desenlace tan temido.
Algunas situaciones agónicas que me vienen a la mente son:
Cuando esperamos la partida de un ser querido: en caso de largas enfermedades especialmente, parece que el momento final no llega. Por un lado, uno desearía que termine el sufrimiento de quien la está padeciendo; por el otro, la mera idea de lo que estamos pensando genera culpa. Es usual fluctuar entre estos dos sentimientos, lo que tenga que suceder sucederá y lo importante es estar lo más en paz posible con nosotros mismos y con la otra persona.
Cuando sabemos que nuestra pareja no funciona: el peor momento es el que antecede a un divorcio o a una separación, porque sentimos que no pisamos tierra firme y no sabes qué nos deparará el futuro. Se fluctúa entre tantos sentimientos y posibilidades, se barajan opciones, se vuelve a intentar recetas que probablemente no dieron resultado anteriormente; además, la relación es una sombra de lo que fue, hay desamor, indiferencia, tal vez incluso maltrato. Una vez todo se resuelva, sentirás un alivio enorme, recuperarás toda la energía que se te ha evaporado tratando de salvar el vínculo, y, de a poco, tendrás la mente despejada para entender internamente si es algo definitivo o no. A esta altura, más allá de las circunstancias, aún no hay manera de saberlo.
Cuando se está por producir otro hecho desagradable (por ejemplo, están echando gente del trabajo, un juicio está por definirse de manera desfavorable, debemos enfrentar un problema y no queremos hacerlo o algo similar): acá la incertidumbre juega un rol decisivo que influye en nuestro estado de ánimo, y todo el proceso se vuelve agónico.
¿Qué hacer en estos casos?
Obviamente, no te puedo decir que eso a que le temes no va a pasar. En ciertos casos es algo seguro, en otros, los milagros existen y algunas veces nos tocan a nosotros. Lo siguiente te va a servir muchísimo en caso de estar pasando por alguna circunstancia que te parezca una agonía:
Rodéate de gente querida: hay seres incondicionales alrededor de ti. A algunos los conoces, con respecto a otros, ni imaginas todo lo que pueden brindarte si te abres a ellos. El apoyo de quienes nos quieren y a quienes queremos es la mejor manera de sobrellevar este trance.
Busca ayuda profesional: si lo que sucede te sobrepasa o se interpone demasiado en tu vida diaria, un profesional de la salud (psicólogo o psiquiatra) que te apoye en el presente ayudará a aliviar la carga que traes.
Haz todo lo que consideres que puedes hacer, sabiendo que tanto tú como los profesionales involucrados (médicos, por ejemplo) tienen límites. Aceptarlos y entenderlos da paz.
Estar parados frente a la realidad, aunque es duro, es la mejor manera de armarnos. Ten por cierto que vas a salir de esto, al igual que pasaste otras situaciones difíciles en el pasado. “Lo que no te mata, te fortalece”, diría Nietzsche, y a su tiempo, de ésta saldrás fortalecido (aunque todavía no veas claramente la forma en que sucederá), rodeado de gente que te quiere y estará al lado tuyo, con la mejor buena voluntad