1536496_10204219217136552_4684904034759108556_n

LA RUEDA DE LA VIDA:
(por Alejandra Stamateas)

La niñez (de 0 a 12 años)
¿Qué es lo que quiere un chico de 0 a 12 años? Necesita ser cuidado. A él no le importa tanto papá y mamá como pareja, sino que ellos lo cuiden. La tarea principal de los padres es cuidar a los hijos. ¿Cómo cuidamos a nuestros hijos? Poniendo límites. El límite consiste en decirles “sí” y “no”, no decirles a todo “sí” y a todo “no”. Sí a lo bueno y no a lo malo. Los chicos guardan esas dos palabritas y las usan de grandes. Si les falta alguna de las dos se pueden convertir en psicópatas porque no tienen límites, hacen lo que quieren, desafían a todo el mundo. El límite no lastima sino que libera y da seguridad porque el chico sabe qué puede y qué no puede hacer. Cuando nos volvemos papá y mamá, somos padres las 24 hs todos los días del año hasta que nos morimos.
Tus hijos te filman, te observan las 24 hs y el límite que vos les imponés a ellos es el límite que te pusiste primero vos. Es decir que sos prisionero de las conductas que les querés enseñar a tus hijos. Si vos le decís a tu hijo: “No grites”, primero te lo tenés que decir a vos. Si vos le decís que no grite y le tirás el coche al primero que se te cruza en la calle, entonces no te pusiste el límite a vos. Hay que sostener los límites que ponemos y decir la verdad. Cuando mi hija Dámaris tenía 7 u 8 años y estábamos en una iglesia en Morón, yo recién había escrito el libro Educación sexual para la familia con 150 preguntas que hacen los niños y cómo responderles. Estábamos en un break y delante de varios pastores vino mi hija chiquitita con el libro y me preguntó: “Papá, ¿qué es el preservativo?”. Le contesté: “Una bolsita que se coloca el varón en el pene para no generar embarazo”. Miró el libro y dijo: “Está bien, me dijiste lo que pusiste acá” y se fue. Ella vino a chequear si yo le hablaba de la cigüeña o le decía lo mismo que había escrito. Tenemos que ponerles límites a nuestros hijos pero gritar no es un límite, pegar no es un límite, sobreproteger no es un límite. Son maneras de demostrar tu miedo porque el límite se marca con claridad.
Lo segundo que necesitan los chicos de 0 a 12 años es desarrollar su capacidad. Tenemos que estimular a nuestros hijos. Nunca les hables mal del colegio. Si ves que en el colegio les enseñaron algo mal, andá a hablar con el director pero no les hables mal del colegio a tus hijos, no les digas: “Esta porquería no te sirve para nada, yo a tu edad ya salía a trabajar”. Tenemos que hablar bien del colegio porque allí les enseñan, entre otras cosas, a sociabilizar, a estar con otras personas. Estimulá a tus hijos para que estudien y no se conviertan en burros glorificados, motivalos para que se preparen para el futuro.

La adolescencia (de 13 a 25 años)
¿Qué les pasa de pronto, de golpe, de repente, a los adolescentes? Les estallan las hormonas y dicen: “Bueno, ¡bastaaaaaa!”. Explotan de la nada y viene una gran turbulencia adolescente. Fundamentalmente viven en el “eterno presente”, no tienen mañana; por eso no se juntan con los ancianos, no se bañan, porque no puede reconocer ni su edad ni su cuerpo. Tienen su habitación desordenada porque así está su cabeza, como es adentro es afuera. No saben bien quiénes son… no son niños, no son adultos… ¿qué rayos son? Nosotros tenemos que ayudarlos a historiar, a que traigan el futuro al presente. Para ellos no existe el futuro, viven la vida loca, el ahora y están 7 hs con el celular, 48 hs en internet, 72 hs hablando. ¡No existe el mañana! Nosotros les tenemos que meter el mañana de a poquito. Si tu hijo te anuncia: “Voy a ser astronauta”, en lugar de decirle: “Qué astronauta ni astronauta, ¡tenés que ir a trabajar!”; decile: “¿Y cómo te ves como astronauta cuando tengas dos hijos… irán tus hijos a verte a la luna?”. “¡Qué sé yo cuando tenga dos hijos!”. De esa forma ya le metiste el futuro de a poco en su cabeza.
Entonces el adolescente empieza a conectar el presente con el mañana. Es mentira esa estupidez que se enseña de “vivir la vida ahora”, de “respirar ahora”, de “estar aquí sin que exista el mañana”. El mañana existe y llega, aunque no quieras, y uno tiene que pensar en el futuro también. ¿Alguna vez te diste un atracón con una triple hamburguesa? Seguro no pensante en el mañana, pero vino el mañana y te sentiste muy mal. No pensar en el mañana es una conducta adolescente. “No me importa, ¿quién me quita lo bailado?”. Tenemos que ayudar a los chicos que van buscando su diferenciación. Cuando eran chicos, los padres éramos Batman y Robin; ahora somos el Guasón o el Pingüino, todos los diablos juntos. Ellos buscan diferenciarse, por eso vos decís: “A mí me gusta tal cosa” y contestan: “A mí no”. “Vamos a la iglesia”. “No quiero ir”. Te llevan la contra porque buscan ser diferentes. Tenés que ser vivo y decir: “No vengas a la iglesia”… entonces vienen. Si te hacés de River, ellos se hacen de Boca. Meteles a tus hijos adolescentes las cosas buenas de la vida.

Los podemos ayudar regulando los límites en un “tira y afloje”. Le decís a tu hijo que sí, pero a tal hora, no. ¿Y cuánto dura esto? Las 24 hs, no podés dormirte, tenés que estar alerta durante toda la adolescencia. Si vos te dormís, ellos tiran de la soga y amanecés atado con la soga. Es muy desgastante tener hijos adolescentes y uno no se puede descuidar porque son como las pirañas, buscan comerte, chuparte la sangre, cortarte el cerebro. Sin intención de generar temor, te digo: “¡No te duermas!”. Tenés que estar alerta porque les decís algo y no lo cumplen y te muestran el celular donde dicen que lo tienen todo grabado y es mentira. Si vos les decís todo que sí o les decís todo que no, serán adolescentes eternos. Tendrán 30, 40, 50 años y se dejarán el pelo largo, usarán siete cadenitas y manejarán una moto último modelo. No crecerán ni se comprometerán. ¿Por qué los adolescentes no se comprometen? Porque, como dijimos, no ven el mañana, no saben que sus conductas tienen consecuencias. Y tampoco lo verán de grandes si les manejamos mal los límites. Tenés que ayudarlos pero no hay manual para eso. Dios está con vos y Él te guía.

La juventud (de 25 a 30 y de 30 a 50 años)
Ahora sí los podés dejar que vayan a experimentar. Al adolescente no lo dejás que experimente sino que le regulás los límites, pero al joven que te dice: “Voy a hacer la bomba atómica”, dejalo que haga lo que quiera. Pero eso sí, dejale en claro que si le va mal, en casa lo van a estar esperando. Tu casa tiene que ser un nido para que pueda llevar a cabo ese ensayo. ¿Qué pasa entre los 25 y los 30 años? La persona aprende dos cosas. Primero, cuál es su la vocación. Nuestra cultura le pide a los chicos de 18 años que decidan qué harán con su vida, pero ¡no tienen la más pálida idea! Y es en esta etapa de la juventud que ellos definen su vocación y el tema de la pareja. Empiezan a pensar seriamente lo que significa armar un proyecto.
Luego tenemos a los adultos jóvenes entre los 30 y los 50 años. ¿Cuál es la característica principal de esta etapa? Desarrollar el llamado, hacer crecer aquello que a uno le apasiona. A esa edad uno ya está definido. Tu vocación no tiene que ser hacer dinero solamente, sino hacer lo que te gusta. El dinero viene cuando vos desarrollás lo que amás hacer. Los que estamos en esta edad tenemos pensamiento práctico. Dicen los expertos que pensamos y nos emocionamos, porque nos vamos acercando al arpa y nos alejamos del saxo.

La adultez (de 50 a 65 años)
Algunos adultos son tramposos a esta edad. ¿Qué ocurre aquí? Uno sigue desarrollando su vocación, le mete ganas y mejora lo que le apasiona. Y también empieza a pensar en el legado, por eso a esta edad la gente es más solidaria, ayuda más y piensa en el prójimo. Nos vamos acercando a las mansiones celestiales y uno piensa: “Tengo que compartirle esto a alguien”. Por eso, los mejores líderes son a esta edad. Ellos ven que se va acercando el tren que los está llevando a destino y sienten que tienen que dejar un legado a alguien. A esta edad, la mayoría de las personas se convierten en abuelos y se acuerdan de sus propios abuelos: “Tenía 70 y estaba hecho percha…” porque años atrás a los 70 la gente se moría. Cuando Jesús murió a los 33 años, ya era viejo. En la antigüedad, la gente se moría joven; ahora se ha extendido la vida y tenemos abuelos jóvenes. ¿Qué tienen que hacer los abuelos? Ser un modelo de vejez porque los miran sus nietos. Dejales un buen legado a tus nietos y transmitiles la historia familiar, contales de sus padres…

La vejez (de 75 años en adelante)
¿Qué pasa después de los 75 años? Esta etapa se llama la “cuarta vejez” y es cuando se empieza a caer todo y cada vez se tiene menos de todo. Uno se achica y le duele todo, tiene miedo de caminar y caerse. Antes uno tenía miedo de que le robaran, ahora de caerse que es peor que un secuestro express. Lo que hay que hacer ahí es llenarse de sueños. Me contaron de un banco italiano que vino acá, abría a las diez de la mañana y hacían sentar a todos los viejitos, pero ese sistema no funcionó. Investigaron el porqué y se dieron cuenta de que a los viejos les gusta charlar en la fila; de esa manera les robaron lo social. Por eso vemos a la gente grande haciendo cola y hablando desde las seis de la mañana, ellos buscan lo social en los bancos y en los consultorios médicos. El anciano no tiene que buscar lo social en la fila de un banco ni en la medicina, tiene que buscarlo viajando, creciendo, buscando, estudiando. Para Dios no hay jubilación. Si estás con vida, la vejez no es la última etapa, la última etapa es la muerte. Hoy la gente se muere joven y llegar a viejo es una victoria que hay que celebrar. Llenate de sueños. El filósofo Bertrand Rusell a los 88 años dirigió una campaña contra el desarme. No debemos infantilizar a los viejos, por creer que los padres se vuelven nenes, y decirles cosas como: “Mamá, ¡tené cuidado!”; “papá, ¡tené cuidado!”. Son más frágiles pero no son nenes.
Si sos un adulto mayor, también tenés que soñar.

Padre, bendecimos la rueda de la vida. Declaramos que nuestros hijos están atados al Reino, nuestros matrimonios a tus principios y los ancianos a tus sueños. Declaramos gozo, victoria, restauración, lirios del campo que van a embellecer nuestra etapa y milagros grandes y extraordinarios. Declaramos que el gozo se restaura nuevamente y que te buscaremos con pasión. En el nombre de Jesús. Amén.