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PORNERTE Y PONER LIMITES A OTR@S ES VALORARTE
(por Alejandra Stamateas)

Lamentablemente, en la actualidad se vive en un clima de violencia permanente que cada día involucra a más ámbitos. En gran medida esto se debe a que muchas personas confunden “establecer límites” con “violencia”. Por ejemplo, hay gente que piensa: “Si le doy una trompada, va a aprender a respetarme y no me va a molestar más”. Sin embargo, lo cierto es que en ese caso dichas personas no pudieron ponerle límites a sus emociones y estas se terminaron deformando. Es importante que sepas que antes de ponerles límites a los demás tenés que aprender a establecerte límites vos mism@. De esta manera le estarás mostrando a la gente de qué manera te tienen que tratar. Si, por ejemplo, dejás de consumir determinada comida porque no es buena para tu salud, el mensaje que estás dando es: “Me estoy cuidando porque mi cuerpo es valioso”. Al considerarte una persona valiosa le estás diciendo al otro que te trate bien.

Algunas personas creen que porque alguna vez han permitido algo en su vida lo tienen que seguir permitiendo siempre. Dicen: “Si yo no puse el límite antes, ahora ya no puedo hacerlo”.
Cada vez que no establecés límites para vos o para los demás se te activa internamente un código de sumisión que consta de algunos síntomas que voy a mencionar a continuación:
• Sentirse insignificante.
Este síntoma es propio de aquellas personas que nunca pueden regalarse algo a ellas mismas. Cuando logran algo, el éxito siempre se lo atribuyen a otros porque son incapaces de felicitarse a sí mismas. Además limitan negativamente su vida. Por ejemplo, cuando reciben un regalo valioso dicen: “Mejor se lo doy a otra persona. Si yo no suelo salir a ningún lado, ¿cuándo lo voy a usar?”.
Por lo general, como estas personas no pueden poner límites, se terminan quedando siempre con la peor parte. Por ejemplo, en una reunión de amigos no soportarían servirse café en la taza más grande, ya que sienten que son insignificantes y que lo mejor siempre debe ser para los demás.
• Ceder siempre ante los demás.
La gente que no sabe poner límites se la pasa todo el tiempo cediendo terreno a los demás. Eso se debe en gran parte a que no saben negociar y a que no tienen en claro hacia dónde va su vida. Estas personas suelen dar siempre más información de la que se les pide. Por ejemplo, si a la hora de hacer un trámite les piden el numero de documento, no solo le brindan ese dato, sino que además informan su estado civil, la composición de su familia y hasta el sueldo que ganan. Ciertamente, tienen una gran dificultad para diferenciar entre la vida púbica y la vida privada. Dicho de otro modo, no saben distinguir aquellas cosas que uno le puede contar a todo el mundo y aquellas en las que hay que ser reservado porque forman parte de la intimidad.

En cierta ocasión una mujer conoció a un hombre a quien en la primera cita le contó con lujo de detalles el estilo de vida que llevaba y las experiencias que había tenido en el pasado. Al sentirse comprometida porque dicho hombre le había comentado todos sus defectos, ella depositó su confianza en él y terminó entregándole las llaves de su departamento. Claramente, dicha mujer no supo poner límites ni estableció una diferencia entre el ámbito privado y el público. Eso le ocurre a mucha gente que responde sin dudar a cada una de las preguntas que le hace cualquier extraño respecto a temas sensibles
Construir límites falsos.
Muchas personas creen que ponen límites, pero en realidad se trata de límites falsos. Tal es el caso de la madre que les grita a sus hijos para demostrar su autoridad, pero a los dos días deja de hacerlo y la casa se transforma nuevamente en un desorden. Al no establecer un límite verdadero, aunque griten o se enojen, los demás no van a respetar a estas personas.
Tras haber cedido siempre ante los demás y permitir que los demás hicieran lo que quisieran con sus vidas, muchas personas se vuelven frías, distantes y prefieren estar solas. Si bien eso implica poner un límite, lo cierto es que se están perdiendo la bendición de relacionarse con el otro estableciendo límites claros.
Seguramente sabrás que el comportamiento de los gatos es muy diferente al de los perros. Por ejemplo, si le pedís que se acerque, un gato te obedecerá si tiene ganas, en cambio, el perro estará a tu lado ni bien lo llames. Cito este ejemplo para decirte que en la vida a veces es necesario comportarse más como el gato que como el perro. Dicho de otro modo, no te acerques a los demás cuando ellos te lo ordenen ni permitas que determinen cada paso de tu vida. Por el contrario, relacionate con el otro cuando vos lo desees y no cuando te lo impongan. Recordá que establecer límites tanto para vos como para los demás, no es una opción, sino un derecho que tenés como ser humano para poder vivir saludablemente y en paz.
¿Qué necesitás para poner límites? En las próximas líneas te compartiré algunas ideas al respecto.
1. Determinación.
Una persona es determinada cuando está convencida de lo que quiere lograr en la vida, sabe lo que es bueno para ella y le pone límites a lo malo.
Cuando no tenés propósito cualquier palabra, amigo, trabajo o pareja te viene bien. En relación a este tema, La Biblia narra la historia de Rut, un fiel ejemplo de una mujer determinada. Pese a su nacionalidad, a su religión, a que era viuda y pobre, y a que su suegra le pidió en reiteradas oportunidades que regresara a su tierra, Rut no aceptó el límite que le imponía Noemí y decidió ir con ella a Belén. Rut llegó en la época de la cosecha, de modo que logró cosechar lo que no había sembrado. Cuando sos una persona determinada siempre vas a llegar en el momento justo y vas a cosechar aun sin haber sembrado previamente.

2. Estar al mando.
¿Quién es la persona que más sabe de tu vida? Vos, porque sos quien más tiempo conviviste con vos misma y por ende, conocés a fondo tanto tus capacidades como tus defectos. Muchas personas que antes eran independientes se casan y les entregan su vida entera a sus esposos. Por ejemplo, dejan que sus parejas administren sus finanzas porque consideran que son especialistas o que lo van a hacer mejor que ellas. Cuando Cristo viene a tu vida no viene a suprimirte tus capacidades, sino a potenciarlas. Él no te dice: “Ahora voy a hacer todas las cosas por vos”, sino que te muestra que tenés capacidad para crecer muchísimo más. Cada vez que delegues en otro lo que sabés hacer porque creés que es mejor que vos, te van a manipular. ¡Recordá que sos vos la que debe estar al mando! Claro que podés recibir ayuda, pero eso no significa que tengas que delegar ni entregar tu vida a nadie.

3. No ceder terreno.
El enemigo siempre va a susurrarte al oído ideas como: “¿Para qué trabajás todo un mes para ganar apenas unos pesos? ¡Mejor salí con alguien que te mantenga y te regale mucho más dinero del que ganás trabajando!”. Una chica me contó que estaba por participar en un casting para una publicidad cuando el productor le propuso evitar el concurso a cambio de que ella le hiciera un favor. Sin embargo, esta joven segura de sí misma y con un propósito claro en su vida le dijo: “No, de ninguna manera”. Como supo ponerse un límite a ella misma, luego supo cómo ponerles límites a los demás.

En una negociación siempre hay dos que ganan, pero el enemigo es un perdedor, así que recordá que nunca tenés que negociar con el. No te olvides que la única que vence en tu vida sos vos, porque Cristo, el vencedor, está de tu lado.
Quizás te de vergüenza ponerle límites a los demás y digas: “¿Cómo le voy a decir eso ?”, “Hace años que vengo soportando el mal carácter de mi jefe. Ahora no puedo reaccionar así…” Sin embargo, es esencial que tengas en cuenta que cuando no establecés límites los demás avanzan sobre tu territorio, tu cuerpo, tus emociones y tus proyectos. Para evitar que eso suceda y que el otro consuma toda tu vida tenés que recordar lo que dijo David: “Yo sé que Dios está por mí”. Nunca olvides que la máxima opinión de tu vida la tiene el Señor, por lo que si Él está con vos, ¿quién podrá alzarse en tu contra? Es hora de que pongas límites sin violencia y digas: “No voy a permitir más este tipo de situaciones. ¡Yo tengo una estima de victoria!”.
Cada vez que no puedas ponerle límites a alguien es porque no pudiste hacerlo primero con vos misma. En ese caso, revisá tus fallas y decí: “Padre, en el nombre de Jesús, hoy me comprometo a ponerme límites en aquellas áreas en las que me he desbordado”. Ciertamente, cuando aprendas a establecer dichos límites vas a saber cómo ponerle un freno a aquellos que te estén maltratando.
Declaro que sos una persona llena de sabiduría del cielo y que el enemigo no te podrá vencer. ¡Sos más que vencedor@ en Cristo Jesús! Amén