SITUACIONES CON L@S EX ….

¿Tenés una “ex” de tu pareja?, ¿sos una “ex”? Cuando alguien tiene una “ex” es porque volvió a formar una familia, y esa nueva familia viene en “combo”: así como en el local de comidas rápidas viene la hamburguesa con papas fritas y gaseosa, la nueva familia viene con hijos y claro, también la “ex”. Las cosas con la “ex” a veces se complican. Por ejemplo, ella puede estar sola y necesita que tu pareja le de dinero, exige más presencia de tu pareja porque es el padre de sus hijos o llama por teléfono para contarle a él todos sus problemas. Entonces, te preguntás: “¿por qué tiene que darle dinero?”, “¿por qué la acompañó al médico?”, “¿por qué la escucha tanto tiempo cuando llama por teléfono?”, “¡¿por qué?!”. La bronca que sentís tiene que ver con los celos. ¡Estás compitiendo con ella!

Las mujeres vivimos comparándonos y compitiendo. Queremos ser la única mujer en la vida de nuestro hombre, y eso está muy bien. Pero de la misma manera que vos sentís celos de ella, ella siente celos de vos. ¡Las dos están compitiendo por ese galán de telenovela! Entonces, imaginate, ¡él está en un idilio!, ¡se siente el hombre más deseado del planeta! A los hombres les encanta sentirse deseados por muchas mujeres, ya que eso les levanta la estima. El problema es que la “ex” y vos entran en ese jueguito. ¡No juegues ese juego!
¿Qué te tiene que preocupar y qué no te tiene que preocupar de la relación de tu actual con su “ex”? Veamos:
1. No te tiene que preocupar que él mantenga una relación cordial con sus hijos, que los visite, que se preocupe por ellos, que cumpla su rol de papá correctamente. Pensá que así también va a tratar a tus hijos cuando los tengan. Cuando él la trate bien a ella, a la madre de sus hijos, tenés que tener presente que lo hace porque quiere que sus hijos estén bien. No te pongas celosa si él le da prioridad a sus hijos, porque quiere decir que es un buen padre, y si cuida de esos hijos, en un futuro también va a cuidar de los hijos que vayan a tener juntos.
2. Te tiene que preocupar que tenga una relación con la “ex” demasiado cordial cuando no hay hijos de por medio. Cordial debe ser, porque esa historia ya pasó, y ya está todo perdonado, pero prestá atención si la relación es de mucha cordialidad, porque tal vez él quiera “mantener las cenizas tibias”. Cuando un hombre busca a la “ex” para juguetear, es porque algo pasa en su pareja actual.
3. Te tiene que preocupar si tu actual pareja mantiene a la “ex” y a sus hijos, pero a vos no te da nada, no provee para la casa (por más que vos trabajes, te arregles sola y puedas mantener a tus hijos). Mes tras mes estos hombres dicen: “Le tuve que dar el dinero a ella y no me alcanzó para nada”. En estos casos el problema no es la “ex” que le exige, sino que la relación actual tiene un problema que lo lleva a él a querer proveer allá y no acá.
¿Cómo debemos actuar frente a los celos de la “ex”?
1. Sos única. Necesitás saber que nadie se puede comparar a vos porque sos única. Supongamos que la que te tiene celos es la “ex” porque siente que le sacaste a su marido, que le destruiste la pareja, que él te ama y te atiende a vos como nunca lo hizo con ella. ¿Qué tenés que hacer cuando ella está celosa? No entrar en el juego de la competencia. Si ella está celosa, es un problema de ella. ¡No entres en el juego de los celos de la otra! Hay mujeres que se agarran de los pelos, se insultan y exteriorizan toda su violencia, pero vos tenés que manejarlo con altura. Son pocos los momentos en que te tenés que encontrar con la “ex”, por ejemplo, cuando va a buscar a los hijos de él, pero en general no tenés por qué cruzarte con ella. Si ella está celosa, ¡manejá la situación con altura!
2. Tenés que hablar del tema con tu pareja. Quizás estás viviendo muchas cosas en silencio para no llevarle problemas a él. Si tenés una buena relación de pareja podés hablar todos los temas con él. Hay mujeres que no hablan con su pareja porque le tienen miedo. Piensan: “¿qué va a decir?, ¿cómo va a reaccionar?”. Si este es tu caso, tengo que decirte que tenés un problema de pareja, porque cuando construís una buena relación de pareja, no podés tener miedo a la reacción de tu esposo. Y a los hombres les digo: ¡Basta de jugar a hacerse la víctima y decir: “Es que ella me trata mal… ¡No sabés qué mala que es conmigo!”, todo para “hacerle el verso” a otra mujer! Antes de empezar una historia nueva tienen que cerrar la historia anterior. ¡No jueguen ese juego!, ¡no es bueno jugar con las emociones!
Entonces, hablá seriamente con tu pareja, porque él sabe que tiene que decirle a la “ex” que no llame, que no lo persiga más. ¡Él tiene que poner el límite! Y si él no pone límites es porque hay un problema con vos, que sos su pareja actual. Y si vos aceptás vivir una situación que no querés vivir, también tenés un problema. Al principio de las relaciones a veces aceptamos cualquier cosa con tal de mantener esa relación, pero después queremos reclamar, y ya no podemos, porque habíamos aceptado eso. Recordá que cada uno tiene la relación que acepta tener. ¡No aceptes cualquier cosa! ¡Recordá que los límites se ponen antes y no después! ¡Sacate ese concepto erróneo de “cuando vivamos juntos yo le voy a marcar con amor lo que está bien y lo que no, y él lo va a cambiar”!
¿Qué pasa si vos tenés celos de la “ex”?
Los celos repetitivos siempre hablan de inseguridad. Por ejemplo: “no me gusta que te juntes con ella”, “no me gusta que hables por teléfono”, “no me gusta que la acompañes a tal lugar”. Y los celos nunca hablan del celado sino del celoso. Si vos sos la celosa, tus celos hablan de tu inseguridad, de lo que todavía no podés lograr, de que te sentís menos, de que no te considerás única.
Una de las cosas que piensa una mujer celosa es que cada vez que él le va a llevar la cuota alimentaria de los hijos se acuesta con ella, porque “donde hubo fuego, cenizas quedan”. ¿Y por qué una celosa piensa eso? Porque en el fondo sabe que si ella se juntara con su “ex” y se diera la posibilidad, ella se acostaría con él. Cuando alguien cela es porque está pensando interiormente que si tuviera la oportunidad haría eso que piensa que hace el otro.
Tenés que tratar con la inseguridad. Hay mujeres que se sienten que no son “las legales” porque vinieron después de otra mujer que sí es “la legal”. Por esta razón creen que no tienen derechos, que viven con un hombre “prestado”. Necesitás recordar que sos única, que él formó pareja con vos, ¡así que dejá de celar a la “ex”! ¡Empiecen a construir juntos la pareja que quieren construir!
Cómo pasar de la inseguridad a la seguridad y vivir segura en tu pareja?
Cantares 2:15: “Atrapen a las zorras,
a esas zorras pequeñas
que arruinan nuestros viñedos,
nuestros viñedos en flor”.
Hay un pasaje en La Biblia que narra la historia de Ana. Esta mujer vivía presionada. Elcaná, su esposo, tenía dos mujeres (en ese momento esto era culturalmente aceptado), vivía entre dos amores. La otra mujer se llamaba Penina, y Elcaná tenía varios hijos con ella. Elcaná amaba a Ana de una manera especial y le daba aún más que a Penina, pero el gran dolor de Ana era que no tenía hijos. En esta historia Penina estaba celosa de Ana, y lo sabemos porque comienza a burlarse de ella, echándole en cara que no tenía hijos. Ana se sentía insegura. Lloraba, no comía y la pasaba mal. Un día, ella se fue al templo a buscar la presencia de Dios. Cada vez que estés mal, que tengas miedo de contarle a alguien lo que te pasa, andá al templo, buscá al Señor. Ana se puso a orarle a Dios. Podría haberle dicho: “Ay, Señor, sacame a Penina de al lado. ¡No la soporto más! Hacé que esa mujer se calle la boca. ¡Cambiale el corazón, Señor! Que ya deje de burlarse de mí porque no tengo hijos… ¡Que Elcaná la deje, Dios!”, sin embargo, no fue esto lo que ella le dijo al Señor. Su oración fue: “Señor, ¡dame un hijo!”. Lo que Ana estaba haciendo era pedirle a Dios un proyecto de vida, un propósito para seguir viviendo.

El pasaje del comienzo habla de atrapar a las zorras pequeñas que echan a perder las viñas. Las zorras se meten en los viñedos y comen el fruto, pero las zorras pequeñas no solamente comen el fruto sino que como son chiquititas, se suben a las ramas, las destruyen y luego terminan arrancando las raíces. Esto quiere decir que cuando una zorra pequeña entra en un viñedo, no solamente se pierde el fruto (la cosecha), sino que también se pierde toda la siembra. Cuando una zorra pequeña entra a tu vida, no solo vas a perder el amor, la paz, la alegría, el buen humor, sino que también vas a tener que volver a sembrar, construir todo de nuevo.

¿Y qué son las zorras pequeñas? Las pequeñas cosas en las que nos enfocamos a diario y por las que nos angustiamos, lloramos, estamos tristes o preocupados. Son esas pequeñas cosas a las que le damos demasiada atención las que terminan consumiendo nuestra vida de manera que ni siquiera podemos ver el propósito que Dios nos dio. Las zorras pequeñas son los chismeríos, lo que dijo la otra, si llama o no llama, si mi marido fue o no, si a ella le dio y a mí no, etc. Cuando esas zorras pequeñas se meten en tu vida (y lo hacen con tal ligereza que vos ni siquiera te das cuenta), te sacan las ganas de vivir, la productividad, la belleza. Ya no das resultado, no das fruto, porque te arrancaron las raíces. Tenías un proyecto, habías sembrado una familia, sabías a dónde querías ir en la vida, y ahora estás todo el tiempo enfocada en esas zorras pequeñas: vivís resentida, angustiada, mirando la vida de los demás o compitiendo con otras personas.
Ana no fue al templo a pedirle al Señor que le atrapara a las zorras pequeñas. Ella no le pidió que le cambiara el corazón a Penina, que Elcaná tomara cartas en el asunto o que la hiciera olvidar. Ana no se preocupó por las zorras pequeñas, sino que fue por lo grande de Dios, por un propósito para su vida. “Señor, dame un hijo, dame herencia, dame un propósito para trascender en esta vida y seguir creciendo. A las zorras pequeñas las atrapo yo”, oró.

La Palabra dice “Atrapen a las zorras”, porque las zorras (o los zorros) no se pueden domesticar: las sacás o terminan destruyendo la cosecha y también todo lo que sembraste. No podés esperar y decir: “Algún día voy a superar esto, un día no la voy a ver más”. ¡Tenés que atrapar a las zorras, tenés que echarlas fuera y matarlas! ¿Qué pensamiento, qué duda, qué conflicto, qué detalle viene a tu mente todos los días para sacarte de tu sueño, del propósito que Dios tiene para vos?, ¿en qué cosas que te hacen perder productividad te concentrás todo el día? Cuando te sientas cada vez más triste, más angustiada, más depresiva, más perdida, prestá atención, porque han entrado zorras pequeñas a tu viñedo, y te están comiendo el fruto y arrancando las raíces. No le ores a Dios para que te saque las zorras pequeñas. ¡Atrapalas vos, metelas en una jaula y que se mueran!

Las zorras pequeñas más comunes son el mal humor, la gente negativa, los celos, la bronca, la amargura, la envidia, la competencia. La bronca que te da cuando tu esposo usa un plato y no lo lava, o cuando tu hijo no te llama por teléfono, esas son zorras pequeñas. ¡Tu proyecto era la pareja, criar a tu hijo para que bendiga a este mundo!, pero sin darte cuenta un día lo perdiste por enfocarte en las zorras pequeñas. Si seguís pensando en esas pavadas, enfocada en detalles, metiéndote en lo que no te tenés que meter o mirando lo que no tenés que mirar, te vas a quedar sin nada.

¿Cuál es tu zorra pequeña? ¡Tenés que descubrirla, atraparla y sacarla de tu vida! La Palabra dice: “Busca primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas serán añadidas”. ¿Por qué cosas orás cuando orás?, ¿por la añadidura o por el reino de Dios?, ¿orás para que Dios te tenga misericordia o estás viviendo en la gracia?, ¿le pedís a Dios que te alcance el dinero hasta fin de mes, o le decís que tenés un sueño grande para Su reino y sabés que Él te dará por añadidura todo lo que necesites para alcanzarlo? ¡Dejá de pensar en pavadas y concentrate en el propósito, en el sueño que tiene el Señor para tu vida!
El Señor te hizo única porque lo que vos tenés que hacer en esta tierra no lo puede hacer nadie más. Estás sellada por Dios, Él te dio las herramientas suficientes para cumplir con ese sueño. Arrodillate cada día y decile a Dios: “Señor, no me voy a fijar en tonterías, no voy a permitir que las zorras pequeñas entren a mi vida y destruyan lo que construí. ¡Yo voy por un sueño grande!”. Amén.
(por Alejandra Stamateas)10891797_10205203273337342_6361671919171308844_n