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Libres de la dependencia emocional

“Sin tu amor no viviré”; “vos sos más importante que el aire que respiro”… esas frases pueden sonar lindas pero son una gran tontería porque cuando uno se vuelve dependiente emocional de los demás, ya perdió antes de ir a la batalla. La persona dependiente o codependiente de la gente (en general hay más mujeres que varones) es muy dócil, muy dulce, muy cariñosa, muy amable, muy educada, muy buena y servicial. ¿Por qué? Porque en lo profundo de su ser se siente indefensa, entonces busca afuera lo que cree que no tiene por dentro. “Vos qué harías en mi lugar”; “decime qué hago”… el codependiente busca la seguridad, las decisiones, la autoestima y se convierte en idólatra de la gente a quien idealiza. ¿Qué le pasa a una persona dependiente emocional por dentro? Se siente incapaz y no puede ver sus capacidades. Cuando vos no ves tus capacidades, el potencial que Dios te ha dado, te volvés dependiente de la gente y entre todos aquellos de quienes dependas, encontrarás personas buenas pero también a grandes manipuladores, psicópatas y maltratadores.

Este tipo de personas dependientes sufren cuando las abandonan pero se resisten y soportan  Necesitás reconocer las capacidades que Dios te dio y valorarlas porque cuando vos sabés quién sos y lo que tenés en tu interior, te podés relacionar mejor con los demás y no dejarás que en tu vida entren los psicópatas, los manipuladores, y te destruyan.
Veamos algunos principios que te van a bendecir:

  1. La imagen que tengo de mí determina mi conducta

    Todo lo que hagas en los ámbitos en los que te movés dependerá de la imagen que tengas de vos mismo. Que tu bandera sea “no me importa. “Te vestiste mal”… “no me importa”. “No servís para nada”… “no me importa”. Si los demás están hablando de vos, ¡que no te importe! Cuando vos levantás la bandera del “no me importa” es porque sabés quién sos en el Señor. Tus habilidades están bendecidas porque portás en tu espíritu habilidades extraordinarias que tenés que desarrollar.

    Lo que hacen tus manos determina lo que sucede Valorá claramente tus habilidades porque todo lo que hacés obedece a un plan grande. Valorá todas las cosas que hagas como importantes: cada mail que envíes, cada saludo que des. Cualquier tarea por pequeña que sea es importante que la hagas bien.

    Vos tenés que valorar cada cosa que hagas, aunque la gente la minimice. Nunca minimices nada de lo que hacés, si lo estás haciendo es importante. “Yo lo único que hice fue llamar a la viejita”… ese llamado es muy valioso.

    Nunca le factures a terceros tus errores. Si vos les facturás a otros tus errores, nunca crecerás. Tampoco factures tus aciertos a terceros. Cuando algo te haya salido bien, no digas: “Tuve suerte ¡No! Te fue bien a vos porque estás bendiciendo tus capacidades y te diste cuenta de que lo que hacés es importante, lo que estás haciendo vale mucho y lo estás haciendo bien. Por eso, esforzate y divertite en el camino. Dicen que cuando una persona hace algo con la conciencia de que es importante y se divierte, ese estado de ánimo puede llegar hasta contagiarse durante Hay gente que se divierte pero no lo toma seriamente y hay gente que lo toma seriamente pero no se divierte. El que se divierte pero no lo toma seriamente, como algo importante, es el mediocre al que terminan echando. El que lo toma seriamente y no se divierte es al que le explota el corazón en medio del trabajo. En cambio, el que lo toma seriamente y se divierte ¡es el bendecido por el Señor!

    Tenés que divertirte y pasarla bien pero no olvides que lo que estás haciendo es importante. Exigile a tus habilidades. A algunas personas las apretás un poquito, les exigís, y dicen: “Me están maltratando”. ¿Por qué? Porque les enseñaron el concepto de “la vara”, a nivelar para abajo. Cuando a tu frustración le ponés más exigencia, esfuerzo y ganas, siempre traés las redes llenas de bendición. Necesitás tener mentalidad de “lo tengo que hacer mejor”.
    Tené mentalidad de “hacer un poco más que los demás”, movete un poco más, no para ganarle al otro sino para superarte a vos mismo. Lo que estás haciendo es importante y además te estás divirtiendo y le estás exigiendo a todas tus habilidades

  1. Cuanto más claro sean mis sueños, mayor será mi fe

    ¿Qué cosas querés lograr? “No sé… amor, paz, alegría… “Un poquito de acá y un poquito de allá”. Si pensás así, no me extraña que tengas una fe de cuarta, mediocre, que se queda a mitad de camino. Pero si decís: “Yo quiero lograr esto específicamente”, Dios les ordena a los ángeles: “Llévenle fe a esa persona”. La fe es una impartición celestial. Nosotros podemos creer y esa creencia es mental. Pero la fe genuina es una impartición del cielo que Dios te da cuando ve que tenés metas claras, sueños claros, que estás enfocado y que sabés hacia dónde vas.

 

  1. El ambiente que yo cree determinará el fruto que tendré

    Si vos creás un buen ambiente con tus hijos, ellos serán “buen fruto”. Si vos generás un buen ambiente en tu pareja, esta mejorará. Por eso, un buen líder determina la atmósfera del ambiente en el que se mueve. Estas cosas no son determinadas por la atmósfera de los demás. Cuando vos te movés de esta manera, generás una atmósfera de victoria.

    Hay personas que son inconstantes, un día están y otro día no están. ¿Por qué son inconstantes? Porque no tienen motivación de ninguna clase. Hay dos tipos de motivación: la externa y la interna. La externa es, por ejemplo, cuando sabés que hay un premio; entonces lo que hacés es un medio para alcanzar el fin: el premio. A vos no te interesa lo que hacés, a vos te interesa el premio. Pero la motivación externa dura poco, por eso necesitás una motivación interna. Cuando estás motivado en tu interior, disfrutás lo que hacés y no lo hacés por el premio sino por el placer de hacerlo. Cuando uno viene a Cristo siempre lo hace por el premio llamado “milagro”. Y está bien pero tiene que llegar un momento en el que ya el milagro no sea un premio, sino que el premio sea disfrutar al Señor, conocerlo a Él, agradarle, sacarle una sonrisa. Y que desde el cielo nos digan: “Buen siervo, estuvo bien lo que hiciste, sobre mucho te pondré”. Cuando tu motor interno es disfrutar de la presencia del Señor, entonces podés ser constante.

  1. Un problema de otra persona puede sacarme de mi problema

    Tenés que bendecir tus problemas. “¿Bendecir mis problemas?”. Sí, porque las luchas te unen a las buenas personas y te separan de las malas. Cuando pasás por una crisis atraés a la gente buena y te alejás de la gente mala. Todos los que te abandonaron en medio de la crisis son los parásitos que se tenían que alejar de tu vida porque el parásito quiere lo que está en tus manos, no quiere lo que está en tu corazón. En cambio, la gente buena quiere tu corazón, no lo que está en tu mano. Las pruebas son la mejor forma de que los parásitos desaparezcan. Tal vez en tu prueba no te llamaron porque son parásitos, pero siempre habrá un buen samaritano que vendrá a ponerte en su cabalgadura, a invertir en vos, a bendecirte. Siempre en tus momentos de lucha, alguien te estará mirando y te bendecirá. Dios siempre trae a alguien que no conocés para que te bendiga en tu momento de crisis

Hay alguien que Dios ha puesto para mirarte y si vos te manejás con altura, con firmeza, con espiritualidad, con bendición, ese que te está mirando te llamará para bendecirte. Esas personas que aparecen en las pruebas son los samaritanos que Dios pone en el camino, después de que te dejaron medio muerto y otros pasaron de largo. Hay un samaritano que ha tomado el mismo camino por el que a vos te ha ido mal y te levantará en el nombre del Señor.

No podés tener un amigo que es amigo de tu enemigo. Jesús dijo: “Si ustedes aman el sistema mundo, no son mis amigos”. Vos no podés ser amigo del Señor y amar lo que Él odia; si sos amigo del Señor, tenés que odiar todo lo que Él odia: la pobreza, la derrota, el pecado, la mentira, el engaño. En las crisis se ven los buenos amigos y los buenos amigos tienen los mismos enemigos.

Dios usa lo que te quedó para recuperar lo que perdiste y lo multiplica. Lo que te quedó es el anticipo del próximo milagro que el Señor hará. Si estás medio vivo, con eso a Dios le alcanza para volver a levantarte
Satanás te puede sacar todo pero no podrá sacarte la conexión de un buen samaritano ungido al que Dios le da la orden de pasar por el mismo camino tuyo, para bendecirte y levantarte.

 

 

(Extraido del texto de Bernardo Stamateas)