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Seguis aferrad@ al pasado y no aceptas los cambios nuevos de tu presente? (por Alejandra Stamateas)

¿Te gustan las cosas nuevas? Lo cierto es que lo nuevo siempre renueva el alma. Dentro de ese universo de cosas nuevas se encuentran las costumbres que a veces uno acepta con facilidad, pero que otras veces uno resiste.  Estos cambios que se van produciendo obligan a que nos vayamos adaptando a lo nuevo. En relación a este tema La Biblia dice: “Cada mañana las misericordias de Jehová son nuevas”, lo que muestra que Dios no es un Dios de rutina, sino que cada día hace algo nuevo y distinto a tu favor. Esto significa que si en lo natural no podés adaptarte a lo nuevo que estás viviendo, tampoco podrás hacerlo con lo nuevo que el Señor tiene para vos.

Muchas veces no logramos capturar lo nuevo de Dios por estar atado a etapas anteriores de la vida. Tal vez no logres desprenderte de tu pasado porque sentís que al hacerlo estás abandonando una parte de tu vida. Sin embargo, quiero decirte que hasta que no logres dejar atrás el pasado, lo nuevo de Dios no podrá venir a tu vida. Algunas personas añoran en su presente esos recuerdos nostálgicos que no pueden soltar. Por ejemplo, un amor no correspondido, un negocio que no funcionó, un estilo de vida acomodado que ya no está o la figura esbelta que solían tener en su juventud. En otras ocasiones, hay gente que no puede dejar atrás los grandes errores que cometió y de los que nunca se pudo reponer.

Isaías 43:19: “¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados”.

¿Cómo te das cuenta de que aún seguís atado a una etapa anterior de tu vida? Si ese tema o persona del pasado ronda tu mente todo el tiempo, si al levantarte por las mañanas lo primero que pensás es en esa situación, si al referirte a esa persona llorás o experimentás emociones fuertes como ira, temor o culpa, entonces seguís ligada al pasado. Cuando no podemos desprendernos de cierta situación es porque deseamos que todo vuelva a ser como antes. Por ejemplo, pensás: “¡Cómo me gustaría que mi familia vuelva a estar unida como antes!”, “¡Cómo desearía que mi pareja estuviera a mi lado!” o “¡Cómo extraño los años en que mis hijos eran chicos!”. Es importante que sepas que nunca nada volverá a ser como antes. Esto no quiere decir que lo que viene va a ser peor, sino que simplemente va a ser nuevo y distinto.
A las mujeres les cuesta mucho dejar atrás el pasado, porque la cultura les ha enseñado que su rol es el de esperar. Esto se ve reflejado en muchos cuentos infantiles en los que la mujer siempre debe esperar ansiosamente a que venga el príncipe azul a rescatarla. Esta concepción se la ve en la vida cotidiana, como en el caso en que la mujer espera a que llegue su padre para tomar una decisión o cuando debe esperar a que un hombre se le declare. Quiero decirte que es tiempo de que dejes de esperar, ya que así solo estás dando vueltas en círculos y nunca avanzás hacia lo nuevo.
Hay un momento en el que tenés que ponerle límites al pasado y a continuación te voy a explicar cómo hacerlo.

1. Interpretá la pérdida como una liberación.

Si eso que te ocurría ya no te sucede o si ya no estás más con esa persona que seguís recordando, tenés que interpretar estos hechos como una liberación que te permitirá extenderte a experiencias nuevas y distintas. Dios te dice: “Interpretalo como una liberación, porque si seguís atada al pasado lo nuevo que tengo para vos nunca va a poder venir”. Hay mujeres cuyas parejas les fueron infieles, y ellas se quedan esperando a que les pidan perdón y todo vuelva a ser como antes. Quedan ligadas a esa persona que ya no las ama en vez de interpretar ese desamor como una liberación.

2. Superá el pasado internamente.

A veces creemos que vamos a superar el pasado cuando externamente alguien haga algo. Quizás pienses: “Hasta que esa persona no venga y me pida perdón, yo no me voy a olvidar de lo que me hizo” o “Cuando él reconozca su error las cosas van a ser distintas y voy a poder seguir adelante con mi vida”. Sin embargo, el pasado no se supera por algo que alguien haga desde afuera, sino por lo que vos hagas internamente. No se trata de esperar un rescate externo, sino de realizar una acción interna en la que te digas: “Está muy bien lo que pasé y en su momento lo disfruté mucho. Sin embargo, es hora de que siga adelante con mi vida y no quede más atada a esa situación. Si me tengo que perdonar, me perdono; si tengo que perdonar a otra persona, entonces lo haré. Esas experiencias que tuve fueron parte de mi historia y me ayudaron a crecer, pero ahora me rescato internamente porque quiero ir a lo nuevo”.

Al no hacer las paces con el pasado, mucha gente no logra capturar lo nuevo de Dios, ya que permanecen atados a ideas y costumbres viejas. En relación a este tema, cabe citar lo que Dios le preguntó al profeta Samuel en 1 Samuel 16: “¿Cuánto tiempo vas a quedarte llorando por Saúl, si ya lo he rechazado como rey de Israel?”. Quizás en tu vida haya habido un Saúl y ahora sea el momento en el que Dios te pida que le pongas un límite al dolor y dejes de llorar por él. Recordá que si no le ponés un límite al pasado, este te hará perder tu presente y tu futuro. Quizás por estar llorando por Saúl te estés perdiendo al rey David y las buenas noticias que este puede traerte a tu vida. Por esa razón, es importante que dejes atrás a tu Saúl, a ese pasado que aún te sigue generando dolor para que de este modo las cosas nuevas de Dios vengan a tu vida y seas bendecido.

Hay padres que no pueden desprenderse de sus hijos y siguen tratándolos como si fueran adolescentes aunque ya sean personas adultas. Es fundamental que te desprendas de esa imagen paterna que tenés, pues en esta etapa ya no te sirve para nada. Al respecto Las Escrituras dicen: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Dios trabaja todos los días para que puedas vivir cosas nuevas. Las cosas viejas simbolizan lo arcaico, lo antiguo, lo que pertenece a una etapa anterior. Por eso dejá de pelear por esas cosas viejas y de tratar de sacarle algún fruto. Desprendete de ellas y extendete a lo nuevo que el Señor tiene preparado para tu vida. ¿Estás lista para recibirlo?
La Biblia narra que Jesús había hecho que sus discípulos subieran a la barca para que cruzaran el lago antes que él y llegaran al otro lado mientras Él despedía a la gente. Mientras Él estaba orándole a Dios en el cerro vio que los discípulos se encontraban en la barca remando en contra del viento, es decir, que estaban pasando por un momento difícil. Por ese motivo, Jesús decidió alcanzarlos, y para lograrlo caminó sobre las aguas. Cuando los discípulos lo vieron se aterrorizaron, pues pensaron que se trataba de un fantasma. ¡Ellos nunca habían visto a Jesús hacer eso! Del mismo modo, es probable que muchas veces vengan cosas nuevas a tu vida y te parezcan tan extrañas que te den miedo. Al ver el temor que tenían sus discípulos, Jesús les dijo: “¡Tranquilos, soy yo!”. Tal vez estés asustada por esa nueva pareja, por ese nuevo trabajo o por esa situación inesperada que te obliga a emigrar a otro país. Sin embargo, aunque lo nuevo te parezca un fantasma, el Señor te dice: “Tranquila, soy yo”.

Al observar cómo Jesús caminaba sobre el agua, Pedro hizo un lugar en su mente y pensó: “Si Él puede caminar sobre el agua, quizás yo también pueda hacerlo”. Pedro siempre pensó con mentalidad de líder, ya que una persona que lidera no se ata a las tradiciones, sino que siempre busca lo nuevo. Al pedirle a Jesús que él también pudiera caminar sobre el agua, el Señor le ordenó que se acercase. Cada vez que le pidas algo nuevo a Dios, Él te va a pedir que te acerques a Su presencia. Tras obedecer a Jesús, Pedro entró en una nueva dimensión, dado que experimentó algo que nunca había hecho: caminar sobre el agua. ¿Te gustaría experimentar algo nuevo en tu familia, en tu economía, en tu vida espiritual?

Pese a que la mentalidad de liderazgo de Pedro lo llevó a lanzarse hacia lo nuevo, no le fue bien. Tenés que saber que aunque ensayes y te lances a lo nuevo no siempre te va a ir bien. Algunas personas creen que las cosas solo son de Dios si les resultan fáciles, pero eso no es cierto. Basta con que pienses en el esfuerzo que tuvo que hacer Moisés para sacar al pueblo de Israel de Egipto o el tiempo que tardaron en caer los muros de Jericó. Por eso, no te desanimes cuando intentes acceder a una nueva dimensión y las cosas no funcionen o te den miedo. Habrá mucha gente que se burlará de vos y te criticará, pero pese a todas las adversidades, recordá que Jesús estará con vos para respaldarte. Es importante que sepas que todo lo nuevo que hagas con el Señor siempre va a ser seguro. Cuando te tomás de la mano de Jesús cualquier terreno nuevo en el que tengas que incursionar será un terreno firme y solido.

Cuando Pedro estaba caminando sobre el agua y se hundió, Jesús lo tomó de la mano, lo sujetó y lo llevó a la barca donde estaban los otros discípulos. Quiero decirte que cuando vayas a lo nuevo de Dios tal vez te equivoques o al principio no te vaya muy bien. No obstante, el Señor no te va a avergonzar con frases como: “¿Viste? ¡Eso te pasa por querer hacer las cosas sola!”. Por el contrario, Él te tomará de Su mano, te abrazará bien fuerte y te dirá: “No te preocupes, porque estoy con vos y te voy a llevar a destino”.
Considero que hay muchas cosas que La Biblia no cuenta para que utilicemos nuestra imaginación. En este caso, me imagino que los discípulos le deben de haber preguntado a Pedro qué tal había sido esa experiencia de caminar sobre el agua. También supongo que habrán querido saber cada uno de los detalles de lo que había experimentado cuando se animó a bajar del barco para caminar sobre el agua. En esa hipotética escena me imagino que el recuerdo más maravilloso que debe de haber tenido Pedro debió ser el de Jesús sujetándolo.

Aunque al hacer algo nuevo te vaya mal o cometas algún error, el Señor nunca te va a avergonzar, sino que te dirá: “No te preocupes, porque yo estoy con vos”. Al tener Su respaldo, el terreno se vuelve sólido para que pises, avances y logres todos los sueños que te propongas. Tené presente que siempre hay un Dios que te acompaña y que te bendice, porque como dice Su Palabra: “Cada día son nuevas sus misericordias”.
Los discípulos que estaban en la barca vieron lo nuevo del Señor, pero solo Pedro se animó a experimentarlo. Podés ver muchas cosas nuevas y buenas que Dios está haciendo, pero en realidad, lo que necesitás es experimentarlas, y para eso tenés que lanzarte. Animate a hacerlo y recordá que cada día el Espíritu Santo te impulsará hacia adelante. ¡No te pierdas lo nuevo de Dios!

Lo que hizo Pedro para acceder a esa nueva dimensión fue poseer el cambio, y justamente eso es lo que tenés que hacer vos. Poseer el cambio implica no solo que decidas dejar atrás el pasado y elijas extenderte hacia lo nuevo, sino que además tengas en tus manos esa elección. Dicho de otro modo, tenés que dejar de dedicarle a los demás las cosas que hacés. Por ejemplo, mucha gente dice: “Voy a adelgazar porque mi esposo quiere que esté delgada”, “Yo estudio porque mi papá quería que estudiara” o “Vengo a la iglesia porque mi abuelo siempre me dijo que tenía que congregarme”. Al actuar de esa manera no estás haciendo las cosas porque querés sino porque se lo estás dedicando a alguien. Por el contrario, tu actitud tiene que ser: “Yo voy a lo nuevo no para entregárselo ni para reprochárselo a nadie, sino porque Dios me dijo que cada día Él tiene algo nuevo para mí. No me voy a perder las cosas nuevas del Señor porque las deseo y porque Él me las prometió”.

Goliat estaba acostumbrado vencer a sus adversarios peleando cuerpo a cuerpo. Sin embargo, cuando se enfrentó a David este último le dijo: “Voy a pelear de una manera nueva que vos no conocés, pues lo haré en el nombre de Jehová de los ejércitos”. Quizás la gente te conozca porque siempre te ve luchando por tus cosas de la misma manera. Sin embargo, esas mismas personas te van a ver luchando por lo nuevo de una manera distinta y no te van a reconocer. Se preguntarán: “¿Que fue lo que le pasó a esta mujer que ya no lucha del mismo modo en que lo hacía antes?”. ¡Ahora irás en el nombre de Jehová de los ejércitos!
Tras esa batalla, David nunca más tuvo que usar una piedra y una onda para vencer a un enemigo. Ese fue un recurso que Dios le dio solo para ese día y para ese enemigo. El Señor nunca más te pedirá que repitas tu hazaña de la misma manera, porque Él siempre tiene cosas nuevas para tu vida.

El Señor nunca trae tu pasado a tu presente, por lo que tenés que preguntarte: “Si Él ya terminó con eso que estaba en mi pasado, ¿por qué lo sigo reteniendo?”. El día que digas: “¡Basta!”, y le pongas límites a tu pasado te estarás abriendo al mundo nuevo que Dios tiene para tu vida. Tanto si esa experiencia fue buena y valiosa, como si fue negativa y dolorosa, si Él no la trae más a tu presente, vos tampoco la tenés que traer. ¡Dios es demasiado creativo como para hacerte vivir lo mismo que ya viviste una vez! Por eso, cuando pensás: “Esto ya lo viví…” o “Me parece que ya pasé por esta situación…”, tenés que saber que estás dando vueltas en círculos. Si te encontrás en esa situación, es hora de que salgas de allí y te prepares para recibir lo nuevo de Dios. Para que eso suceda tenés que pedírselo a Él y buscarlo intencionalmente. ¡Dejá el pasado atrás y extendete a todo lo nuevo y maravilloso que tiene el Señor para vos! Amén.