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Sube y baja emocional (por Alejandra Stamateas)

 ¿Alguna vez sentiste que en algunos días tocabas el cielo y en otros el
infierno? ¿Pasaste alguna vez de una depresión profunda a un estado de
euforia? En las próximas líneas voy a explicarte lo que podés hacer para tener
estabilidad en la fe y poder creerle a Dios aunque te encuentres atravesando
una situación difícil.

El “sube y baja” representa lo que muchas veces ocurre con tus
emociones. Por momentos estás arriba, es decir, con tu mejor estado de ánimo,
mientras que en otros momentos sentís que no podés estar peor. Para
equilibrar ese vaivén emocional tenés que ser una persona con una fe estable
que permanezca intacta en el tiempo. En otras palabras, tenés que evitar que
tus emociones hagan fluctuar tu fe para que puedas creerle siempre al Señor.
Para lograr ese objetivo tenés que entrar en la trastienda de Dios. La
trastienda es el lugar donde podemos ver lo que hay detrás de algo. En el
plano espiritual, podemos decir que tenemos la fe para poder ver todo aquello
que no se ve. A través del Espíritu Santo, Dios te permite entrar a Su
trastienda y ver lo que Él está haciendo. ¿Te gustaría verlo? A continuación
voy a mencionar algunas cosas que vas a encontrar allí.

1. “Sí” y “Amén”.

Lo primero que vas a encontrar cuando ingreses a la trastienda del Señor va a
ser los términos “Sí” y “Amén”, que están presentes en
todas Sus promesas (2 Co 1:20). “Amén” quiere decir
“así sea”, es decir que todo lo que te promete Dios está doblemente
afirmado. Si Él te dijo que sí, entonces así será.

Tenés que mantener una actitud de firmeza y no permitir que nada ni nadie te
saque del lugar del “Sí” y el “Amén”. ¡Si Dios te
prometió algo y te lo confirmó dos veces, no te muevas de ahí, porque eso es
para tu vida! Cuando vayas a conquistar algo, en vez de concentrarte en los
peligros, mirá con los ojos de la fe. Recordá que si Dios está de tu parte
todo es “Sí” y “Amén”. Cuando vayas a la trastienda de
Dios mirá aquello en lo que Él está trabajando y todavía no podés ver. Él se
está encargando de ese gigante que puede ser un conflicto de pareja, una
enfermedad o algún problema con tus hijos. Al ingresar a ese lugar te
encontrarás con una promesa que dice: “No te desampararé ni te dejaré,
pues yo estoy de tu parte”.
2. “Día a día”.

El trastorno bipolar es una enfermedad por la cual la persona que la padece
tiene un estado de euforia seguido de una depresión. Por ejemplo, una semana
cree que va a conquistar el mundo y la otra ni siquiera quiere levantarse de
la cama. Así, toma malas decisiones, ya que cuando se encuentra eufórica
puede derrochar todo su dinero, pero luego se deprime y se arrepiente de todo
lo que hizo. Aun cuando no padezcas esta enfermedad que requiere su debido
tratamiento psiquiátrico, quizás sientas que tu estado emocional cambia con
demasiada frecuencia y eso te genera desorden en tu vida.

Una de las primeras indicaciones que le brinda el especialista a un paciente
con bipolaridad es que se levante y se vaya a dormir a la misma hora todos
los días. De este modo, se busca equilibrar el insomnio que genera un estado
de euforia excesivo y el deseo de quedarse en la cama todo el día provocado
por una angustia profunda. Quiero decirte que Dios anhela que vivas la
bendición del día a día. Él no quiere que solo estés pensando en la bendición
que vendrá mañana, sino que disfrutes también del presente.

El Señor te dice: “No quiero que tengas la sensación de que hoy tenés
que vivir sin nada y que recién mañana tendrás, pues yo te daré provisión
para cada día de tu vida”. La bendición de Dios es diaria, es decir, si
hoy tuviste dinero para comprar el pan, para pagar los impuestos o invertir
en un negocio, también lo tendrás en los demás días, porque precisamente Su
provisión es día a día.

Las Escrituras dicen en Mateo 6:34: “Por lo tanto, no se
angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya
sus problemas”.
Dios sabe lo que vas a necesitar en cada momento y
por eso Él te dice: “Viví día a día, porque eso te va a mantener
estable”. ¡Lo que Dios te dio hoy también te lo dará mañana!

Todos los días Él te muestra pequeñas bendiciones para decirte: “Si hoy
te doy, mañana también habrá para tu vida”. No te preocupes, Dios está
cuidando de vos y te dará Su bendición día a día.
3. Estás coronada.

Muchas de las promesas de Dios están escritas en tiempo pasado. Por ejemplo,
Él dice que te bendijo, que te rodeó de Su favor y que te ha hecho digno.
Esto significa que eso ya sucedió y que por ende, ya está hecho en tu vida.
Por tal motivo, aun cuando no puedas ver nada, al ingresar en la trastienda
de Dios verás en un cartel el Salmo 103:4 que dice que el Señor ya
te coronó de favores. Cuando alguien te pregunte: “¿Vos te creés que
tenés coronita?”, respondele: “¡Sí!, tengo coronita porque el Salmo
103
dice que todos hemos sido coronados de favores del Señor”.

Quiero decirte que cuando vengan esos días en los que sientas mal, en los que
recibas malas noticias o no suceda aquello que deseás, tenés que recordar que
Dios te ha coronado de favores. Si te levantaste mal, lo que tenés que hacer
es acomodarte la corona y recordar que sos una persona bendecida por el
Señor.
4. “Las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven
son eternas”.

Por último, al entrar en la trastienda del Señor hallarás esta frase de 2
Corintios 4:18
. Es importante que sepas que como hijo de Dios sos
especialista en aquello que no se ve, pues de eso justamente se trata la
fe.¿Qué ves cuando mirás a tu hijo, a tu esposo o a esa amiga que aún no
conoce al Señor? ¿Mirás lo mismo que mira el resto de la gente o mirás el
corazón como lo hace Dios? Todo lo que ves con los ojos naturales es
temporal, porque en algún momento cambia. Sin embargo, aquello que ves con
los ojos de la fe perdura en el tiempo y no cambia.

Es esencial que aprendas a mirar lo que no se ve, porque eso es eterno y
permanece para siempre. No sigas angustiada por ese problema, porque si lo
ves en lo natural, entonces es temporal y va a cambiar. Recordá que Dios te
va a dar toda la prosperidad que Él te prometió y cumplirá el resto de las
promesas que hay sobre tu vida.

Ingresá a la trastienda del Señor para que tu fe no vaya ni para arriba ni
para abajo, sino que se mantenga estable. No te olvides que Él te prometió
que te iba a dar el maná día a día y que te ha coronado de favores. Cuando
pases por esos momentos de angustia y de dolor, arreglate la corona y caminá
erguida: ¡en Dios tenés coronita!

Muchas veces nos quejamos: “Ay, ¡Dios no me escucha!”, “¡El
Señor no me quiere!” o “Dios me dejó de lado”. Cuando eso te
ocurra tenés que entrar detrás de escena y observar lo que Dios está armando.
El Señor siempre es fiel y aunque tal vez en lo natural tus ojos no puedan
ver Su obra, Él te dice: “No te preocupes, porque estoy construyendo tu
vida. Aunque no lo veas, yo ya escuché lo que me pediste y eso vendrá día a
día. Te he dado promesas, te he favorecido y te he hecho ver lo que no se ve
porque quiero que bases tu vida en eso que es permanente y que yo te daré
para siempre”.

David era un hombre muy ciclotímico: un día se sentía bien y al otro día se
sentía mal. Cuando se dio cuenta de lo que le sucedía escribió en el Salmo
103
: “Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo
nombre”.
En este versículo David le ordenó a su alma (que
representa las emociones, la voluntad y la mente) que alabara a Dios. De esa
misma manera, vos también tenés que acostumbrarte a darle órdenes a tu alma y
a tu cuerpo, porque tenés toda la autoridad para gobernar dichas partes de tu
ser de modo que no te dominen. David le estaba diciendo a su alma que más
allá de la situación por la que estuviera pasando, debía alabar al Dios
creador, que prospera y bendice. Cuando te encuentres en ese “sube y
baja” emocional, dale órdenes a tu alma para que alabe, especialmente
cuando te encuentres arriba, ya que es allí cuando uno tiende a olvidarse del
Señor. En ese momento decile: “Estoy tan bien que te voy a dar una
orden: «Alabá»”. Cuando sientas depresión o te angustien las malas
noticias decile a tu alma: “Pese a que estoy mal, hoy te doy la orden de
que sigas alabando”.

Es importante que tengas siempre en cuenta que tu fe se tiene que mantener
estable, porque Dios no cambia. Recordá que Él te ha dicho “Sí”, lo
ha reafirmado con un “Amén”, te ha coronado y te ha expresado que
día a día tendrá preparada una bendición para tu vida.
La fe debe envolver a la emoción, y no lo
contrario. Lo que Dios está preparando para vos en la trastienda vendrá a tu
vida y será eterno. Mantené tu fe estable y decí: “Yo sé quién es mi
Dios, sé que lo que Él me prometió llegará y sé que día a día seré
bendecida”. Amén.