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Seguramente tienes un novio o un marido. Un padrino, una amiga del alma, una ex compañera de la escuela. Trabajas y allí se hallan tu jefe, compañeros de trabajo, el que limpia y la que prepara el café. Te relacionas también con el vecino, la empleada del banco…

Solemos encasillar a la gente y asignarle rótulos. Tal vez sea mejor no hacerlo, ya que las relaciones humanas son dinámicas y quien hoy es tu compañero de estudios, mañana quizá sea quien te lleve al altar. Pero la naturaleza humana nos predispone a encasillar a la gente y muchas veces colocamos a nuestros semejantes en “estantes” estancos sin posibilidades de expansión, y sin permitir que el vínculo crezca.

Hilando aún más fino, creo firmemente que cada uno de nosotros tiene “estantes” para las distintas áreas de necesidad de nuestra vida. Los estantes varían de tamaño y de cantidad según nuestras preferencias. Por ejemplo, el estante “amistad” para algunos tiene dos o más separaciones, mientras que para otras personas, muchas más. Esto no está bien ni mal, son formas personales de desarrollar nuestras relaciones interpersonales.

Cuando deseamos algo, es absolutamente necesario que haya lugar en el estante correspondiente, ya que por ley física dos cosas no pueden ocupar el mismo espacio. El problema se suscita cuando no hay posibilidades de lograr algo que queremos porque el estante ya está ocupado… y no nos damos cuenta. Los adultos solemos colocar en nuestros estantes interiores sustitutos para seguir funcionando de cualquier manera. En realidad, lo mejor que podríamos hacer es producir un vacío para que el objeto de nuestra necesidad sea quien lo llene, y no algo “parecido”.

EJEMPLO CONCRETO

Vayamos entonces a un ejemplo concreto: si no tienes hijos y tratas a tu hermana menor como a una niña, (aunque haya dejado los pañales hace décadas), sobreprotegiéndola y haciéndote cargo de ella y de todos los problemas y vaivenes de su existencia, es muy probable que no haya lugar en tu vida para que el anhelo de tener tu propio bebé se concrete, y por ende no te relaciones con parejas cuyo proyecto de vida sea éste.

Entonces, siguiendo la línea de nuestro ejemplo, si deseas tener una pareja pero has desarrollado una relación demasiado cercana (simbiótica) con alguien, sea familiar, amigo o mascota, y tal vez hasta además de esta situación te conformas con una relación sin compromiso, a disgusto tuyo, o en un vínculo desgastado y sin amor, el estante “pareja” está lleno, y, para peor, no de la manera que tú deseas. Que no esté vacío trae como consecuencia que tú no sientes la necesidad visceral y genuina de tener a tu lado la persona que tú mereces y con la que anhelas compartir el futuro.

¿Por qué tantas veces nos conformamos con menos, o con lo que no queremos? Es probable que no le des ningún crédito a lo que te estoy comentando, ya que es el subconsciente el que realiza estos reemplazos y no tu mente consciente. Por este motivo, tal vez creas que muchos aspectos de tu personalidad están cubiertos, cuando en realidad con sólo una mirada puedes darte cuenta que no es así. La sensación de completud, aunque sea ficticia, provee cierto grado de bienestar efímero. Es probable también que atribuyas la no-concreción de tus anhelos a razones tales como “a mí no me toco”, “tengo mala suerte”, “ya es tarde” y otros comentarios similares, sin asidero racional.

Si tienes la sensación (o la certeza) de que en alguna área de tu vida no tienes lo que deseas o mereces, te propongo un juego: El Juego de los Estantes.

  1. Identifica el estante de tu vida con el que no estés del todo satisfecho y ponle un nombre (por ejemplo, pareja).
    2.    Visualízalo. Está frente a ti. ¿Qué tamaño tiene? ¿De qué color es? ‘Qué textura? ¿Qué más te dices al pronunciar el nombre del estante? Trata de describirlo en detalle, con todos los significados que el nombre del estante connoten para ti.
    3.    Fíjate qué hay adentro, y rotula cada cosa que encuentres en él. Si no se ajusta a la descripción del estante, crea un estante nuevo con este rótulo y visualmente coloca lo que había ahí (siguiendo nuestro ejemplo, en el estante “pareja” apareció “ex novio celoso”, crea un nuevo estante llamado “ex novio celoso” y deposítalo allí.)
    4.    Repite este procedimiento con cada cosa que encuentres en el estante, rotúlalas y crea tantos estantes nuevos como lo requieras, hasta que quede completamente vacío. Algunos hallazgos te harán reír (tal vez halles a “mascota tirana” o a “actor de cine que me desvela”) y ten en cuenta que también pueden aparecer rótulos que no te den sensaciones placenteras: crea un estante aparte para cada uno de ellos.

El estante quedó vacío, ¡bien! Tienes varios estantes nuevos que te harán compañía desde sus flamantes ubicaciones, de distintas maneras. En el futuro, cuando aparezca un nuevo reemplazo para el estante vacío que tan bien definido está ahora, (y créeme que esto sucederá más de una vez), automáticamente verás cómo creas un nuevo rótulo y un nuevo lugar, así el estante seguirá vacante hasta el momento en que ¡sin pensarlo! Te darás cuenta que ya ha sido ocupado por aquello que tú bien te mereces.